El término de bipolaridad ha ganado mucho reconocimiento en los medios de comunicación y en el habla coloquial de las personas al grado tal que se ha confundido de forma muy alarmante éste término con el trastorno bipolar o la anteriormente llamada enfermedad maníaco-depresiva. Como bipolaridad, mucha gente se refiere a la inestabilidad del estado del ánimo: personas que pueden estar en un momento con una alegría importante, pasar a la tristeza, la irritabilidad o la ansiedad inclusive en un mismo día. Esta volatilidad anímica puede ser una condición del crecimiento del cerebro como sucede con los adolescentes principalmente aquellos que están en las primeras etapas de la adolescencia. También puede ser la marca de problemas en casa o de un mal aprendizaje en el manejo de las

emociones. Por otra parte puede ser marca de las enfermedades psiquiátricas como el Trastorno por déficit de atención e hiperactividad, la depresión sobretodo en el caso de los adolescentes, trastorno límite de la personalidad o como veremos el trastorno bipolar.

La enfermedad bipolar, trastorno bipolar o trastorno afectivo bipolar, por otra parte, es un padecimiento

caracterizado por episodios claros de depresión y de manía. Un episodio de depresión está definido como un periodo de por lo menos dos semanas de un estado de ánimo triste, deprimido o irritable la mayor parte del día, casi todos los días, acompañado de pérdida del placer, cambios en el sueño y en el apetito, dificultad por concentrarse, sentirse muy enlentecido o muy nervioso, tener pensamientos negros como de baja autoestima, de culpabilidad o de muerte. Independientemente de estos periodos, el individuo con trastorno bipolar también presenta episodios claramente definidos de síntomas maniatiformes que están definidos como un cambio persistente de por lo menos cuatro días consecutivos de duración en el que se presentan un estado de ánimo elevado o eufórico, es decir demasiado feliz de tal manera que notorio y muy diferente de lo habitual para la persona o también muy irritable. Junto con este cambio se manifiestan también aumento de la energía, de tal manera que la persona no necesita dormir mucho para poder descansar, tiene problemas para poder poner atención debido a que su pensamiento va demasiado rápido, se aumenta la autoestima al grado de llegar a considerarse que uno puede realizar planes o proyectos que son cuestionables a ojos de los demás, aumenta la velocidad del habla de tal modo que es en ocasiones difícil entenderles y se implica en actividades riesgosas que pueden traerle muchas consecuencias a la persona. A pesar que algunos de estos síntomas pueden leerse como ideales (p.ej. tener mucha energía, no necesitar dormir y estar todo el tiempo alegre) la realidad es que estos cuadros pueden ser tan graves que pueden originar hospitalizaciones.

 

¿Una persona que tiene inestabilidad anímica debe entonces acudir al psiquiatra? Sería muy recomendable, ya que así se pueden descartar distintos síndromes y tener un adecuado tratamiento. ¿Una persona con trastorno bipolar necesita entonces de un psiquiatra? Con mucho mayor razón, la persona con trastorno afectivo bipolar requiere estar en constante monitorización. La enfermedad bipolar es uno de los padecimientos más complejos que tratamos los psiquiatras y requiere del uso de fármacos a largo plazo.